Notas sobre “Historia de la sexualidad de Michel Foucault”

Citas

Michel Foucault

 

Fragmento de “M. Foucault y la sexualidad como dispositivo biopolítico parlante”:

“Entre sus emblemas, nuestra sociedad lleva el del sexo que habla. Del sexo sorprendido e interrogado que, a la vez constreñido y locuaz, responde inagotablemente. Cierto mecanismo, lo bastante maravilloso como para tornarse él mismo invisible, lo capturó un día. Y en un juego donde el placer se mezcla con lo involuntario y el consentimiento con la inquisición, le hace decir la verdad de sí y de los demás. Desde hace muchos años, vivimos en el reino del príncipe Mangogul: presas de una inmensa curiosidad por el sexo, obstinados en interrogarlo, insaciables para escucharlo y oír hablar de él, listos para inventar todos los anillos mágicos que pudieran forzar su discreción. Como si fuese esencial que de ese pequeño fragmento de nosotros mismos pudiéramos extraer no sólo placer sino saber y todo un sutil juego que salta del uno al otro: saber sobre el placer, placer en saber sobre el placer, placer-saber; y como si ese peregrino animal que alojamos tuviese por su parte orejas lo bastante curiosas, ojos lo bastante atentos y una lengua y un espíritu lo bastante bien construidos como para saber muchísimo sobre ello y ser completamente capaz de decirlo, con sólo que uno se lo solicite con un poco de maña. Entre cada uno de nosotros y nuestro sexo, Occidente tendió una incesante exigencia de verdad: a nosotros nos toca arrancarle la suya, puesto que la ignora; a él, decirnos la nuestra, puesto que la posee en la sombra. ¿Oculto, el sexo? ¿Escondido por nuevos pudores, metido en la chimenea por las tristes exigencias de la sociedad burguesa? Al contrario: incandescente. Hace ya varios cientos de años, fue colocado en el centro de una formidable petición de saber. Petición doble, pues estamos constreñidos a saber qué pasa con él, mientras se sospecha que él sabe qué es lo que pasa con nosotros.”

(Michel Foucault, Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber. 1976)

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“La visión foucaultiana de la sexualidad, se deriva de su pensamiento sobre el poder y el saber: ésta es el producto de una voluntad de saber, administrada por una forma específica de discurso y unas determinadas relaciones de poder. Según esta teoría, la sexualidad es sometida al proyecto decimonónico donde es regulada por un poder positivo (que dará  paso a la era biotecnológica), que lejos de negarla o reprimirla, la promueve y determina por medio del discurso. Queda atada a un poder (relaciones de fuerzas) que incita, induce y excita –ejercido inicialmente por la iglesia y más tarde por la ciencia médica; que sustituye y amplia lo “ilícito” por lo “patológico” o “perverso”;  el Estado y los medios de comunicación– . En definitiva, en la Historia de la sexualidad el sexo pasa de la ignorancia y la oscuridad a un hecho público normado y controlado por dispositivos que van desde la confesión, hasta el diván (ps.) y la pornografía.
A partir del siglo XVIII la sexualidad se convertirá en el punto de mira de las redes de control, pasará a ser un principio fundamental para la identificación del individuo en tanto que ser viviente. Su conducta sexual será un medio para conocerlo y diferenciarlo. Y en este sentido, es su historia personal la que entró en juego: sus fantasías, sus puntos de fragilidad y sus acciones íntimas –todo un conglomerado de información sobre el sexo sacado del relato confesional o clínico para ejercer un control institucional exhaustivo sobre la construcción de la sexualidad y la subjetividad.

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Según Foucault, el poder se nutre del saber y éste se vale del poder para garantizar su valor epistemológico, de ahí la “voluntad de saber” de las sociedades modernas para asegurar su existencia. Y en este diagrama de fuerzas que se extiende a todos los ámbitos de la vida, la sexualidad fagocitada  deviene un  dispositivo biopolítico.

En la Historia de la sexualidad se analiza la Teoría de la represión, el pensamiento médico sobre el sexo y lo que se pone en juego con el dispositivo de la sexualidad, como eje central de las relaciones de poder. De qué manera, a través de ella, se puede desprender un análisis y un descubrimiento de la subjetividad. De qué modo el “uno mismo” ha sido determinado por el sexo. La “sexualidad” en su propio “decir” y “ver” es un claro ejemplo de la transformación y evolución cada vez más sutil de los regímenes de “actualización e integración del poder” en las relaciones interpersonales.
Por esta vía, la revolución sexual de la liberación y expansión del discurso sexual –reivindicado por los intelectuales de los años sesenta– conllevaría el hecho de que el sujeto analizado, clasificado, observado y reconducido necesitaría progresivamente menos represión, puesto que los hábitos “normales/anormales” de la conducta sexual han sido interiorizados gracias a las instituciones o “policías del pensamiento”.

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De esta manera, ya no es a nuestro cuerpo, sino a nuestro “self” donde van a parar los dispositivos de control: se interioriza la norma. Nietzsche habla de la “biologización de la moral”, su penetración no sólo en la cabeza, sino en todos los órganos del cuerpo. En este sentido, sería apropiado mencionar su idea sobre libre albedrío: la certeza de que ahora somos más libres no es más que un olvido, hemos estado tanto tiempo arrastrando ciertas cadenas, que ya no percibimos su espantoso ruido (El viajero y su sombra).
En resumen, a partir del siglo XVIII a raíz de esta voluntad de saber, propiciada por unas determinadas condiciones económicas y sociales, aparece la sexualidad moderna. Entra en el juego del ver y el decir que la época hace de sí misma. En un principio, mediante el discurso provocado de la confesión (rompiendo así con la antigua ars erótica) exigida por la pastoral cristiana a todo  buen cristiano (al comienzo, con especial atención a las clases dominantes). Posteriormente será misión de médicos y psicólogos sacarla a la luz y determinar los valores y dimensiones que la definen.
Así, la sexualidad en tanto que puerta de acceso a la subjetividad y al supuesto núcleo de la individualidad se convierte en un dispositivo que toma sentido en el juego dinámico y afirmativo del poder-saber de la sociedad de control…”

Carla Soza, 2003.
(Imágenes tomadas de Internet).

moon

Licenciada en Filosofía. Master en Historia del Arte. Artista gráfica. Cuentista

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